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lunes, 14 de julio de 2008

ECONOMÍA

Del libro de economía de la universidad siempre me estudiaba las treinta primeras páginas y luego lo abandonaba por aburrimiento. Así estuve dos años. Estudiándome siempre las mismas treinta páginas. Debe ser por eso por lo que no entiendo el fenómeno de la crisis que ahora nos agobia.

El petróleo sube porque los señores que lo tienen especulan con él; unos lo suben porque los demás les caen mal, otros guardan el que tienen para sacarle provecho cuando sea aun más escaso y otros lo utilizan para chantajear al resto. El caso es que el petróleo sube. Y con él los transportes de todo lo transportable. Y con eso los precios de lo transportado. Con la subida del combustible es más caro llevar mercancía lo a los sitios y por tanto al que lo compra le llega con la subida de precio correspondiente. Pero el que lo compra no tiene a quien repercutirle la subida. Y tiene que pagar más por lo que compra menos cantidad. Y como se compra menos, al haber menos demanda sube más. Como consecuencia todos suben sus precios; petroleros, transportistas y vendedores, y el que se come el marrón de las subidas es el comprador currito que es el verdadero sufridor de la crisis.

Bueno da igual porque yo no entiendo de economía. Igual estoy equivocado. Este es el aspecto de un centro comercial cualquiera un sábado por la tarde cualquiera.




Colas para comer.... colas para el cine, colas para todo. El lunes siguiente volví a ese mismo centro comercial, y había el mismo número de gente. Y era lunes. Lástima no haber llevado el móvil (por la cámara)

viernes, 11 de julio de 2008

FILAS

Por no decir colas. ¿Porque al ser humano cuando ve a alguien esperando a algo le entra el gusanillo de esperar él también? Así se forman las colas. Y acabamos haciéndolas para todo: para ir al servicio, para entrar a un museo gratis, para beber agua en una fuente, para comprar lotería. Yo una vez estuve en una cola para recoger el número de orden de la recogida de los botes que luego se utilizarían para hacer unos análisis. Y con internet, las colas se hacen ahora apuntándose para reservar un cacharro que vaya a salir. Todavía me acuerdo cuando hubo cola para comprar la PSP de Sony. Incluso se pagaba antes para que nadie se la llevara. Como los pisos. Ahora la puedes comprar en cualquier sitio, más barato y del color que quieras.

La última cola que se ha formado, hoy mismo, ha sido para comprar el i-phone. Un teléfono móvil de superdiseño que en unos meses se podrá comprar en cualquier tienda del ramo que se precie. Hay gente que ha dormido delante de la nueva tienda de telefónica para comprarlo, a un precio bastante poco económico, y mañana poder presumir de teléfono móvil con los amiguetes. Claro que si les dices lo que has pagado y lo que no has dormido igual en vez de pensar que eres una gran persona al disponer de dicho aparato piensan que eres el tonto de la cola.

Cambiando algo de tercio, hay una cola que no se respeta. Las que se forman en las carreteras. Un ejemplo



Si a alguien se le ocurre hacer esto en la cola del i-phone le dejan la cara con más huellas que el teclado táctil del dichoso aparato.

miércoles, 9 de julio de 2008

CAMPEONES

Hace unos años éramos todos bajitos, morenos y catetos. O, al menos, eso se decía. Y en unos años somos rubios, altos e intelectuales. O al menos lo parecemos. Y es que este país, campeón del mundo y subcampeón de Europa de baloncesto (que ya hay que ser alto para esto), campeón de Europa de fútbol, patria del ganador de Roland Garros y Wimbledon, finalista por el momento de la Copa Davis, con campeón del mundo de automovilismo, del giro de Italia y del tour de Francia, este país, como digo, ya no es lo que era. Ahora somos españoles. Y no dejamos de decir que estamos orgullosos.

Aun recuerdo cuando, de pequeño, con mis padres y mi hermano, nos íbamos de vacaciones de camping y en un Citroën Diane 6, a lo que antes se llamaba "Europa". Impresionaban aquellos señores y señoras europeos. Montábamos nuestras tiendas y yo sentía como nos miraban y les dábamos pena. Era un sentimiento mío porque a saber que estaban pensando ellos. Y si, por casualidad, nos cruzábamos por la carretera con otros españoles valientes nos saludábamos efusivamente haciendo sonar el claxon del coche o si era en un camping se montaba fiesta y charla durante un buen rato. Ahora ya no, ahora, por fin, somos europeos e incluso no están a nuestra altura otros países europeos a los que a veces les dejamos ganar en alguna competición. Está claro que a dar botes, patadas o zurriagazos ya no nos gana nadie.



Lástima que los balones, las raquetas y las ruedas no se coman. Quizás sea el momento de que tampoco nos gane nadie en las cosas realmente importantes, en esas en las que todavía no somos CAMPEONES. Ni mucho menos.

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